RECUERDOS GASTRONÓMICOS

Padres de puchero


El post de hoy está totalmente dedicado a mi padre; ese recién jubilado deseoso de disfrutar en el cuarto de vida –según él- que le queda de todas las cosas que su empresa y la seguridad social le han quitado durante tantos años. Estos días lo tengo pasando unos días en mi casa, celebrando una cumbre tal que G-2, intentando poner solución a los problemas que nuestro mundo (para nosotros, nuestra familia) tiene.

Él era de llegar esta noche, pero aprovechando que ayer era festivo en Madrid, lo llamé el martes a la noche para que adelantara su billete de tren y viniera el miércoles. El pobre robó minutos al reloj la noche del martes para que amaneciera lo antes posible y volvieran a abrir las ventanillas de atención al cliente en RENFE, donde cambiaría su billete. Una vez lo tuvo, pasó poco tiempo preparando la maleta (apenas se ha traído 3 pantalones para 5 días) pero se entretuvo, junto a mi madre, frente a los fogones, preparando comida para nosotros, para mi compañera de piso y para las otras tres familias que viven en nuestra misma planta.

Anoche salimos a cenar a un restaurante al que a mi me gusta ir cuando puedo. Nada raro, nada exótico, nada ostentoso; cocina española moderna. Pedimos 2 entrantes para compartir y un segundo plato para cada uno. Durante la comida pregunté un par de veces a mi padre si le gustaba lo que comía y me dijo que si. Nada de postre para bajar la comida –dijimos-, mejor un paseo hasta casa. La cuenta, un precio razonable; por algo repito en este sitio.

Hoy, día laborable en Madrid salvo para aquellos que hayan decidido cogerse el puente, he llegado a casa con el sentimiento de haber dejado sólo a mi padre todo el día; con ganas de invitarlo a tomar unas cañas y picar algo en la calle. Las cañas, lo he conseguido pero cuando se acercaba la hora de cenar el hombre me dice:

–       Yo prefiero cenar en casa. Tenemos palomas, tenemos marmitako, tenemos gazpacho… – Si hubiera seguido, hubiera pensado que estaba cantándome la canción que popularizaron los Golden Apple Quartet-. Fuera, quizás lo encuentre, pero no mejor

Con esta frase ha sentenciado los planes de hoy. Hemos vuelto a casa, hemos metido una botella de sidra a refrescar y cuando nos ha parecido que estaba lo suficientemente fría, hemos puesto la mesa para disfrutar del puchero. Y he de admitir que aunque disfrute de un servicio gastronómico, mejor me sabe fregar los platos después de recordar los sabores de mi casa.

Y digo yo, ¿qué tendrán las madres de antes que nunca dejan de pensar que sus hijos no se alimentan bien? ¿Que tendremos los hijos que siempre dejamos que nuestras madres piensen eso?

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